Relación entre la alimentación temprana y la obesidad
La forma en que nos alimentamos desde bebés puede influir muchísimo en nuestra salud para toda la vida, ¡mucho más de lo que imaginamos! Estudios han demostrado que los hábitos alimenticios que se forman en los primeros años de vida están directamente relacionados con el riesgo de desarrollar obesidad en el futuro.
Por ejemplo, una alimentación temprana basada en alimentos ultraprocesados, con exceso de azúcares y grasas, puede alterar la manera en que el cuerpo regula el hambre y el gasto de energía. Además, los bebés y niños pequeños aprenden a reconocer sabores y texturas, y si desde el inicio se acostumbran a lo dulce y lo salado en exceso, será más difícil que después prefieran frutas, verduras u otros alimentos naturales.
Dar leche materna exclusiva durante los primeros seis meses también juega un papel importante. Está comprobado que la lactancia ayuda a reducir el riesgo de obesidad infantil, porque enseña al bebé a regular su apetito de manera natural.
A medida que crecen, ofrecerles variedad de alimentos saludables, sin forzarlos a comer ni premiarlos con dulces, ayuda a que desarrollen una buena relación con la comida. Por eso, lo que pasa en esos primeros años no es solo cuestión de moda o de preferencias: es una inversión en su salud de por vida.
Así que sí, lo que comemos de chiquitos deja huella. Fomentar una buena alimentación desde el principio es uno de los mejores regalos que podemos darles a los niños para que crezcan sanos, felices y llenos de energía.
Referencia bibliográfica:
Macías-Tomei, C., Herrera Hernández, M., Mariño Elizondo, M., & Useche, D. (2014). Crecimiento, nutrición temprana en el niño y riesgo de obesidad. Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría, 77(3), 144–153. Recuperado de https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0004-06492014000300008

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